¿Por qué tenemos tanto miedo a la vida?

Porque no estamos sintonizados con la vida. La vida es el fluido energético que mana ahora mismo, en este eterno presente. Pero nos pasamos el “tiempo” absortos en viajes ilusorios: pasado y futuro.
El pasado como alimento compulsivo para engordar los bloqueos que llevamos encima. El futuro como espejismos de unos miedos que acechan constantemente a los patrones de creencias preestablecidos desde el inicio.

Ambas, actuando como cadenas que reprimen nuestra naturaleza.

La cuestión es que si somos vida y esa vida vive en el presente, ¿cuánto sufrimiento necesitaremos para rendirnos y volver a florecer desde la calma y el silencio? Estamos tan atados a los bloqueos del pasado y a los miedos del futuro que “vivimos” congelados completamente.

Y todo porque no confiamos en que la vida nos dé todo cuanto necesitemos. Un pájaro no piensa en si mañana comerá, él busca comida cuando tiene hambre y la encuentra. Un feto se alimenta, crece y avanza confiado en las leyes naturales del Universo. Una nube viaja, se expande y se disipa sin ningún rumbo preestablecido. Todo sucede gracias al movimiento inteligente de la propia vida. Todo esto se modifica artificialmente y se bloquea mediante la manipulación del hombre. Sin oposición humana, la naturaleza brilla en todo su esplendor.

Si estamos bloqueados, ¡asentemos con vehemencia los pies en la tierra y bebamos del fluido energético que nos da la naturaleza! Si tenemos miedos en el futuro por las facturas a pagar, las enfermedades que vendrán, las relaciones que deseamos, las atracciones que queremos… ¡cojamos impulso yendo un poco hacia atrás por muy “difícil” que parezca y saltemos por ese precipicio donde está la majestuosidad que habita en el presente!


¿Da vértigo? Sí. ¿Da respeto? Sí. ¿Da desconfianza, temeridad, descontrol…? Sí. ¿A caso el Universo no provee al pájaro, al feto o a la nube? Estamos tan sumidos en el egoísmo por nuestras creencias sobre inseguridades y pertenencias que no nos damos cuenta que el movimiento de la creación es transitorio. Y aunque nuestra ciencia sea incapaz de adentrarse a lo desconocido, nos afirma que la energía ni se crea ni se destruye, “sólo” se transforma.  Un “sólo” que lo es todo. Y en ese todo, todos formamos parte de esa energía inteligente que podemos llamar: VIDA.

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