Rendición, diferencia y unidad

Cada ser humano es diferente, es una pieza única y personal de un gran puzle que podemos llamar: el juego de la vida. Pero todos somos iguales en esencia, como espíritus o conciencia.

Durante estos últimos años de exploración e indagación en esta búsqueda interior, me doy cuenta de que el saber impulsa mi camino, pero me mantiene en un estado de infelicidad. Creer que la paz interior pueda obtenerse a través de la mente y sus medios-recursos es como atrapar el viento con una botella. No se puede.

Cada ser humano tiene una configuración energética única, de ahí que no haya métodos, técnicas o caminos absolutos que lleven al reconocimiento, auto-realización o estado de iluminación. La experiencia individual es única, y durante el movimiento incesante de la vida, juntos, cooperamos como guías para despertar quienes somos (conciencia) en sintonía con quienes creemos ser (personalidad).

La mente es la herramienta indispensable para llevar a cabo este misterioso propósito. Sin mente no hay acción y sin acción no hay experiencia alguna. La cuestión es el uso que le demos. Si es la personalidad la que se expresa, la mente tomará el mando de nuestras vidas a través del ego. Si es la conciencia la que se expresa sin personalidad, la mente es silenciada por completo: somos, en un estado de presencia incapaz de interactuar en el mundo.

Sólo el equilibrio de ambas partes nos conduce a la alquimia del “Yo Soy”: individualidad + esencia. Un estado de presencia que coopera con la mente para avanzar en expresión única. Una convivencia con la vida para que se exprese libremente sin oposiciones, fluyendo constantemente a través del estado de paz interior.

Aquí es donde se rompe los límites del conocimiento para dar un gran salto a lo desconocido; sin herramientas formales que nos guíen honestamente. “Sólo” confiando en lo que tenemos en este instante: presente = presencia. Porque es en el ahora todo cuanto hay, todo cuanto somos en inocencia y en ausencia. Aquí es cuando la mente se calma y nuestro Ser comienza a brillar desde un estado de paz gozoso, abierto y compasivo con la vida. Experimentándola tal y como se presente, sin obstrucción mental, emocional o física.

Es vivir la vida viviéndola a cada momento, no como un hecho final, sino como un inicio constante por respeto hacia lo creado y como un impulso hay la creación.

Es permitir que la vida sea desde la plena consciencia en el ahora. Este es nuestro propósito en la vida y el camino más recto hacia la liberación.

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