LA TRAVESÍA DE LOS VALIENTES


Una vez más me dirijo hacia el portal para la integración de la vida. Como todos los días, nada más levantarme, voy hacia mi lugar de encuentro con la verdad del silencio. En posición de meditación comienzo un nuevo viaje que me llevará a las profundidades de lo que siento como Ser-humano. La travesía no siempre fue apacible, pues a pesar del sentir profundo del Amor Universal que experimentaré, debo reconciliarme conmigo mismo. Es el eco de las experiencias que se repiten desde hace muchas vidas atrás y que en esta encarnación vuelven para recordarme que tengo que avanzar con el corazón abierto.

La práctica energética que llevo desarrollando y llevando a cabo día tras día me permite fortalecer mi voluntad y compromiso con la vida. Y es que una y otra vez me pregunto: ¿estoy en paz conmigo mismo? Si la respuesta conlleva sufrimiento o una negación, es el momento para dar un salto hacia el vacío, justo ese instante en el que estoy sintiendo el conflicto  pues es la puesta en escena ideal para integrar lo que hasta ahora no había hecho.

De nada sirve escapar de lo que sentimos, pues por mucho que nos empeñemos en querer sanar o liberar estados emocionales negativos, estos volverán una y otra vez de distintas maneras para mostrarnos que estamos equivocados, pues no se puede rechazar esa expresión de la vida.

Continuamente experimentamos la dualidad que impera en este mundo, y aunque  nos empeñemos por caminar a medias, es decir, por querer avanzar por el mar de las aguas en calma, siempre habrá oleajes que nos remueva por dentro y nos dirija hacia la orilla o hacia las profundidades más oscuras. Pero siempre será el medio más apropiado para amarse, respetarse, sentirse íntegramente. Vivir a medias, es vivir para sufrir, porque el Ser es la experiencia abierta y sin restricción que aparece en el movimiento de la vida, con sus infinitas formas y apariencias.

Respiro profundamente y continúo. Hay mucho dolor durante el trayecto, pero es mi aviso para parar, observar qué está ocurriendo en mi interior y perdonarme en el sentido más amplio y puro de la palabra: amar este momento sea como sea.

No se puede hacer desde la posición mental y dual del ego, pues caeríamos en la trampa del rechazo. Y todo volverá como una lección primordial e imperante, porque el fin de todo este juego es el propio medio: reconocer quién eres desde el amor. Si no amas, continúas a medias y volverás a sufrir. El amor lo abarca todo, sin rumbo y sin limitaciones, por eso se llama Amor: lo soy todo.

En este viaje me doy la oportunidad de relacionarme con mi dolor, de olerlo, saborearlo y sentirlo hasta donde pueda. No quiero caer más en la trampa del despojo, sino de estar ahí como un acompañante fiel a lo que es. Y algo sucede como reacción porque me siento más liviano, pues la calma vuelve después de la tempestad. Mi cuerpo se relaja y agradezco a la vida por enseñarme nuevamente amar.
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