APRENDER A JUGAR DESDE EL SIGNIFICADO REAL DE LAS EMOCIONES


Esta mañana quiero dar las gracias a la gran ayuda que tengo y me acompaña desde muchos niveles de conciencia, haciéndome recordar la sabiduría que vive en mí. Es mágico ir descubriendo el funcionamiento de las leyes Universales de la creación desde la experiencia.

A cada momento voy descubriéndome, voy recuperando la ilusión por vivir y expandir todo lo que siento. En el ejercicio de hoy, he podido reconocer la lección que tenemos por aprender, nuevamente, a jugar con nuestro ser interior. Por mucho que nos empeñemos en crear condicionamientos externos de todo tipo, en el fondo de nuestro corazón escondemos las respuestas para VIVIR LIBRES, DESPIERTOS, EN ARMONÍA CON NOSOTROS MISMOS Y EN UNIÓN CON TODO.

Es increíble poder descubrir que las emociones son el medio que tiene el alma para reclamarnos atención.  Las experiencias externas son sólo movimientos que detonan esa llamada. Cuando hay una vivencia donde aparece el enfado, la rabia, la tristeza, la soledad, el rechazo… debemos escuchar esa llamada interior, pues de no hacerlo sufrimos. Es el alma que se comunica a través de la vida para que volvamos a unirnos a ella. Si no lo hacemos caminamos separados, muertos en vidas, sin recordar el rumbo de nuestro destino.

Ha sido maravilloso recordar esto, pues el rechazo y la soledad que sentía, y que culpabilizaba a las experiencias que continuamente se me repiten desde que era niño, era en sí la voz de mi alma que me reclamaba desde el rechazo que yo había creado hacia ella, al igual que la soledad. Darse cuenta de esto es responsabilizarse de todo cuanto siento y me sucede en la vida. Es un modo de actuar comprometidos con la verdad que hay en nuestro interior y que actúa, a través de las emociones, como reclamo.

Si me siento solo, triste o enojado, no es que yo me sienta así. Es mi niño el que me avisa de esta forma para que vuelva a él, a mi pureza y recupere la consciencia perdida. De ahí que mi sufrimiento sea el síntoma de mi inconsciencia, al no reconocer lo que es mío.

He viajado a la soledad de mi alma, mimándola, respetándola, porque ya no era cosa de mi mundo, de mis vivencias, sino de mí esencia que me enseñaba desde la soledad para que volviera a mi hogar, para que estuviera a su lado y recuperara la ilusión por jugar.

A medida que crecemos se nos olvida que nuestra naturaleza es la de un niño que se impulsa desde el sentir, expresándose libremente y en unión. Esta unión es el Yo, nuestra parte individual y creada por el ego. Debemos dar gracias al ego por permitirnos crear esta ilusión de separación siempre que sea consciente, pues nos ayuda a movernos a través de las formas, del espacio y el tiempo. De no haber un Yo no habría razón de movernos pues todo sería un vacío lleno de posibilidades. El problema radica en la identificación que hacemos del ego cuando actúa separado de su esencia, pues es cuando nos engañamos y sufrimos, creyéndonos únicos y ajeno a todo. La sabiduría de la vida, a través de estas leyes creadas magistralmente nos enseña a volver a unirnos a la verdad que somos como experiencia (Yo) y como esencia (Ser), de ahí que esta unión haya tenido tanta repercusión a lo largo de la historia: Yo Soy.

Esta unión es obra del espíritu, el Amor puro que rige estas leyes Universales y permiten el juego de la creación. Nacemos desde el amor como el Yo y volvemos a nuestra fuente original como tal: amando. No hay otra forma de hacerlo, pero sí el tiempo que necesitemos para lograrlo.

Grandiosa mañana, pues desde mi sufrir ahora entiendo que era el rechazo que yo mismo le estaba haciendo a mi vida, al ser que soy, a mi naturaleza ancestral. Me enfado y escucho ese enfado venir de mi niño. No hay culpables externos, sólo responsabilidad mía como el Yo, el padre que quiso jugar a ser adulto, cuando en sí vive en su corazón siendo un niño. Esa es la inocencia que todos debemos recuperar para vivir ilusionados, disfrutando a cada momento al igual que lo hacen nuestros hijos. Si observamos, los niños que nacen, o por lo menos lo que yo percibo desde mi experiencia como padre, no quieren juguetes, sino padres que jueguen con ellos, que se pongan de rodillas y se diviertan al caballito. Que se pinten la cara de maquillaje y hagan castillos de arena. Son nuestros hijos los verdaderos maestros que nos reclaman la atención perdida de nuestro niño interno. Algún día seremos los adultos los que volvamos a las escuelas a re-aprender a través de los maestros-niños. Es hora de ser responsables con todo esto y romper las barreras de la ilusión creadas por nosotros mismos.

Volvamos a tomar conciencia del mundo donde vive el principito con su rosa. Volvamos a tomar conciencia de nuestro corazón, pues allí es donde vive nuestro niño, nuestra alma pura, a través del aroma del Amor.
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