SIN RESPETO NO HAY TRANSFORMACIÓN

“Respeto hacia mí mismo y hacia la voluntad de los demás”. Con estas palabras tomaba consciencia de la lección con la que finalizaba la sesión personal de esta mañana. Realmente es complejo entender el sentido de la vida cuando vamos caminando a ciegas y con mucho peso a la espalda. Sin embargo, la inteligencia que opera a través de nosotros nos va guiando de modo incesante a ese reconocimiento interno del porqué de la vida.

Uno de los límites más establecido en nuestra psique y que nos bloquea continuamente es este: ¡No puedo ser yo! Después de ir tomando consciencia de todo un gran abanico de patrones de comportamiento, que curiosamente formaban parte del hilo conductor de mi infancia, en relación a mi padre, comprendí que estaba bloqueado porque no puedo ser yo. Y es de locos llegar a esa conclusión, pero es el castigo al que nos mantiene acostumbrado el ego.

Por un lado, tenía la creencia limitante de que si actuaba de acuerdo a lo que era, sentía o quería, los demás me rechazarían al no encajar con lo establecido. El choque de esta creencia se incrementaba con esta otra: como no quiero ser, sentir o querer como los demás lo pretenden debo aislarme del mundo para ser libre. ¡De locos!: Si soy como soy me rechazarán. Para ser como soy debo estar solo.

Claro, humanamente esto se traducía como un bloqueo descomunal: frustración. Ahora me río de ello y me digo: Manuel, deberías escribir un libro que se titulase “Infinitas maneras de fracasar en la vida. El camino hacia el éxito”, jajaja… Porque realmente es maravilloso conocerse, porque no hay experiencia en vano. Absolutamente todo está plenamente orquestado para cumplir con nuestro propósito en la vida.

Ahora doy las gracias a tanto vivido en mi infancia. Doy las  gracias a mi padre, y… también a todo lo vivido en otras vidas y que estaba muy alineado con lo que estaba sanando en el día de hoy, porque más allá de todo el sufrimiento experimentado, había un aluvión de amor puro para ser descubierto y sentido, que aparecía como respeto hacia mí mismo y hacia la voluntad de los demás.

Fijaros lo importante que es ser como cada uno es. Todos somos muy distintos en formas, en pensamientos, en sentimientos, en acciones… porque cada uno tiene una configuración única y personal. Pero si respetamos esto, tomaremos consciencia de que esta diversidad son los colores con los que la propia Vida se experimenta así misma, como pura expresión en movimiento. Daros cuenta de lo esencial y natural de esto: infinitas maneras de manifestación para reconocer que soy puro amor en acción. ¡Wow! Me deja sin palabras… De este modo deja de tener sentido imponer lo que creemos como lo mejor, pues de hacerlo caeremos en la trampa de creer tener una verdad absoluta, cuando en el trasfondo, la vida, estará representando un escenario propicio para mostrar todo lo que rechazamos de nosotros mismos. Si me respeto, puedo respetar a los demás, no hay otro modo.

Continuamos…
Manuel.

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