OJOS QUE NO VEN, CORAZÓN QUE NO SIENTE

En la sesión de esta mañana quise trabajar en la programación que me impedía estar en el presente. Ha sido de lo más interesante. No pensé que hubiera tantas creencias y patrones con respecto a vivir el presente:
“El presente me inquieta” “El presente es aburrido” “El presente me estanca”…
Hasta que apareció la creencia de choque que decía: “Para descansar en paz no puedo vivir el presente, pues si lo hago dejaré de existir”.

Después de conocer esta dinámica previa se dispararon más y más creencias que relacionaban las experiencias del presente con el sufrimiento, pues mi alma me decía que no quería vivir el aquí y ahora porque era un infierno: “¿Cómo se puede vivir el instante presente cuando estás viendo a un ser querido agonizar en su lecho de muerte? ¿Cómo se puede vivir el instante presente cuando te están ahorcando o quemando en una hoguera? ¿Cómo es posible vivir estas experiencias tan duras siendo consciente de ellas?”.

Realmente ha sido compleja esta sesión, y tuve que pedir ayuda a mi Ser continuamente para que me permitiera reconocer lo que bloqueaba. Mi alma me decía: “No quiero vivir la experiencia presente porque hay mucho sufrimiento” “Es incontrolable no sentir sufrimiento con estas experiencias tan dolorosas” “Debo distraer mi mente para no sufrir más” “Ojos que no ven, corazón que no siente (refrán popular)”…

Llegué a un punto en el que le preguntaba a mi Ser: ¡No puedo controlar esto!, ¡La vida es incontrolable! ¿Cómo voy a presenciar una agonía, que me estén pegando o que estén violando a una persona? ¿Cómo puedes ver morir a tu hijo por hambruna o enfermedad? ¿Cómo puedo vivir conscientemente esas experiencias tan extremas sin sentir dolor?... ¡No se puede!

Y sí, así es, no se puede controlar la parte instintiva del ser humano, no se puede controlar tus reacciones o las reacciones de los demás, porque las experiencias presentes se viven sin más. Cada uno reacciona como puede de acuerdo a su configuración energética y a todos los niveles. Mi alma me decía: “Tengo mucho miedo a vivir el presente”. Y es cierto, pues todo el mundo lo tiene.
Continuaba preguntándole a mi Ser: ¿Cómo puedo vivir lo que no me gusta o entraña peligro?

Es complejo explicar lo que sentía, pues en el círculo “espiritual o de crecimiento interior”, por ponerle un nombre, nos enseñan continuamente que tenemos que ser más positivo ante una situación negativa, que tenemos que practicar atención plena, que tenemos que llevar luz con nuestra energía donde no la hay… Pero hay que ser muy honesto, porque es imposible huir de ciertas experiencias, no se puede negarlas con una cara sonriente cuando en el fondo siento pena, rabia, impotencia… A veces he contado cómo en un momento de mi vida me obsesioné con vivir el presente queriendo capturar cada momento. Cuando me enfadaba porque algo no me gustaba respiraba profundamente y me decía: “Manuel, eso no es espiritual, no lo estás haciendo bien. Observa este instante, deja de reaccionar así, vuelve a tu centro, está en paz”… Lo único que conseguía era que en cuestión de minutos volvía la ira con más fuerza y terminaba empotrando contra las escaleras el teléfono móvil o todo lo que pillara de por medio. Si no acababa de este modo o controlaba la situación, al día siguiente amanecía con dolor de garganta o un nudo en el pecho.

La vida no puede controlarse, es imposible, y caemos en la trampa de condicionar las experiencias del presente con mucho ego espiritual. Esta mañana me preguntaba: ¿Dónde está el amor cuando se pone condición a lo que está siendo? La sabiduría que emergía a través de mi Ser me decía: NO PONGAS FRONTERAS A LA VIDA Y A SU EXPRESIÓN. NO HAY MÁS AMOR QUE EL QUE ACOMPAÑA LO QUE ESTÁ SIENDO. ESE ES EL SIGNIFICADO PROFUNDO DE LA COMPASIÓN.

Creemos que cambiar las cosas para que se vivan de otro modo es mejor, pero lo único que hacemos es manipular, manipular y manipular la vida para no reconocer lo esencial. No se puede capturar el presente o controlarlo para sentir otra cosa. El sentido de la vida es vivirla sin más, riendo y llorando, celebrando y maldiciendo, aceptando y negando… porque sólo se puede ser desde lo que está siendo.

Recordemos que las experiencias del presente son meras reacciones kármicas, es decir, los efectos de nuestras acciones, el eco del pasado que siempre vuelve para enseñarnos a vivir. Estas vivencias nos impulsan a sacar a la luz todo lo que rechazamos de nosotros mismos: ira, rabia, soledad, frustración… Al igual que lo hacen cuando sentimos alegría, placer o dicha. Porque siempre operan como un impulsor de la verdad.

Qué alivio sentí, porque odio controlar mi vida, odio las disciplinas, odio meterme en un molde que va contra mi naturaleza. Simplemente quiero ser yo siendo lo que soy a cada momento, desesperado, ofuscado, iracundo… pero también divirtiéndome, sorprendiéndome y disfrutando. Esto no quiere decir que no hagamos prácticas de plena consciencia, llevar luz donde nos apetece, o elevar nuestra frecuencia porque nos gusta sentir lo que nos ofrece. De hecho me encanta expandir el corazón y vivir experiencias extraordinarias de profundo éxtasis, pero debemos emprenderlo por gusto o pura pasión, no para cambiar el presente. No se puede ir contra nuestra naturaleza, pues de hacerlo sólo estaremos reprimiendo más y más la vida para que persista o se repitan ciertas experiencias.

Si sufro es porque juzgo lo que está siendo, y tengo todo el derecho a hacerlo, lo importante es que cuando esa sombra aparezca, deje de intentar ser mejor, vivir mejor, amar mejor. Porque reaccionaré como en ese momento tenga que reaccionar, y si después me arrepiento, siempre me quedará la lección de perdonar, aceptar, vivir del mismo modo ese sentimiento de culpabilidad. Eso es amor incondicional, porque estaré respetando mi experiencia humana.

¡Qué liberador!

Continuamos…
Manuel.

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