VIVIR EN TRANSPARENCIA

Ser humano, ese es el propósito de nuestras vidas. A medida que avanzamos por la travesía de nuestra existencia vamos tomando, poco a poco, consciencia de la realidad de lo que somos como naturaleza. Qué complejo es todo esto, y a la vez qué simpleza se esconde en esos momentos de comprensión que nacen desde el interior. En cada pasito se van desmontando infinidad de programas que nos mantienen disfrazados de dualidad. Ese es el juego de la vida, nadar a ciegas por un mar inmenso de experiencias de todo tipo. Unos de buenos, otros de malos y algunos entre medias, pero siempre representando, apariencias para justificar lo que creemos ser.

En numerosas ocasiones he compartido ideas y deseos de iluminación, de llegar a un “punto” o estado de despertar, de ascensión. Qué equivocado estaba, aunque tuvo su lugar, porque gracias a ello he podido llegar a donde estoy, y al mismo tiempo me impulsa a continuar descubriéndome. Y es que no es fácil ser humano. La cuestión es que deseamos cambiar nuestras vidas: una mejor versión de nosotros, una mejor versión de los otros, en definitiva, un mejor mundo. Está bien querer que las cosas cambien, pero realmente qué es lo que anhelamos sino ser uno mismo. Esa es la cuestión: ser uno mismo.

Me río mientras escribo estas palabras, porque pareciera que es toda una odisea ser uno mismo, y sí, lo es, o por lo menos en apariencias. La de veces que he querido representar el rol de un ser despierto, sabio, gozoso de una paz infinita. ¡Pura mentira! Creyéndome llegar muy lejos para que mi realidad cambiase, para lograr vivir experiencias extraordinarias, cuando realmente lo único que hacía era huir de mí, de mi persona. ¡Cuánto odiamos nuestra humanidad! Y siempre por la culpa y el juicio, por lo que otros hacen y por lo que nosotros hicimos. Intentando una y otra vez cumplir con expectativas. ¡Qué dureza, qué poco respeto hacia nuestra vida!

El tiempo pasa como experiencia, y siempre hay una invitación para reconocer quiénes somos. A veces he intentado Ser, llegar a mi espíritu, asentarme en el eterno presente… cuando realmente lo que deseaba era anular mi humanidad por alcanzar un estado superior de conciencia. Nuevamente: ¡pura mentira!

Cuando uno accede a su corazón descalzo, entregándose al misterio de la vida, empieza a reconocer cuánto dolor albergamos, y es que nuestra alma está completamente encarcelada, reprimiendo su expresión única y auténtica, lo que yo soy, lo que tú eres y nos diferencia. De verdad que no hay que hacer nada más que soltar. Y hay que soltar mucho, porque nos creímos buenos, y en otras ocasiones malos. Juzgamos a los demás y nos juzgamos a nosotros mismos. Y todo es mentira, porque no hay más verdad que un grito de rabia porque lo sientes así, y eso es espiritual. No hay más verdad que descansar entre lágrimas de soledad, impotencia y desesperación, y eso también es espiritual. Fíjate, no hay más autenticidad  que experimentar tu humanidad sin censuras. Me enfado porque forma parte de mi experiencia humana, y al hacerlo permito que lo que ES fluya sin más. Eso es ser espiritual. Lloro porque también forma parte de mi experiencia humana, y al hacerlo, también permito que mi espíritu fluya sin más, porque la realidad es que la experiencia está ocurriendo más allá de lo que yo perciba. La cuestión es que si reprimo lo que soy, sufro.

Ser humano, ¡es fantástico! Porque no hay nadie como yo y lo respeto, ¡jajaja…! En esta comprensión me uno a todo y recuerdo que somos uno.

Ama tu humanidad, reconcíliate con tu alma para soltar todo el dolor que carga por intentar ser diferente. Hicieras lo que hicieras, te hicieran lo que te hicieran, eres libre para ser tú.  ¡Es tan hermoso! Y está aquí, en ti. Suelta la caza de brujas por controlar la vida, tu presencia, reprimiendo lo que sientes y creyendo que lo haces mal, que aún te falta algo para estar en paz, libre o iluminado. Es un engaño de la mente que separa en buenos y malos, luz y oscuridad, dormidos y despiertos… Sé humano, sé lo que eres sin filtros, y si los hay, suelta, suelta, suelta… Lo único que te espera es descanso. Eso es ser espiritual, y está en tu humanidad, en tu cuerpo, en tu mente, en tus emociones, en tu gente, en este mundo. No trates de cambiarlo, sólo reconócete y todo será transformado.

Justo en ese punto de transparencia puedes expresarte de modo auténtico, sin filtros, moviéndote y actuando por la vida tal cual eres. ¡Buffff! Supongo que a esto sí le podemos llamar iluminación, porque estarás iluminando tu camino SIENDO (SER EN ACCIÓN, CUERPO, ALMA Y ESPÍRITU UNIDOS).

Continuamos…
Manuel.

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